sin título (favor de borrar).

Casa Vecina.

Esta exposición parte de la crisis personal de Rodrigo Prian en relación a su práctica como artista. Tras un periodo en el que suspendió su producción, llegó a la siguiente conclusión: “ser artista porque no puedo ser otra cosa, el arte es inútil”. Con esta fuerte afirmación su búsqueda se concentró en dejar de crear, para meditar sobre los objetos que ya existen y plantear otros modos de pensar el arte. Su propuesta consiste principalmente en la modificación de una serie de objetos al grado de desaparecerlos, todos relacionados con el arte y los medios a través de los cuales se legitima: libros, catálogos, invitaciones a exhibiciones, fotografías, conferencias, etc. El método es borrar, anular, desaparecer, vaciar o desvanecer el contenido y preservar en lo posible el contenedor o algún remanente material del mismo en caso de que éste también haya desaparecido en el proceso. La intención es poner en crisis la tendencia social de ser productivos y ejercer la des-producción invirtiendo conscientemente tiempo y energía en la práctica estética de la desaparición.

Su investigación lo ha llevado a experimentar distintas formas de borrado, desde las más evidentes hasta las más complejas: borrado por tachado, por disolución, por pulverización, por edición, por exceso de luz, por sobreacumulación, por discriminación, por olvido, entre otras. Rodrigo comprende el borrado como una acción manual e intelectual que deriva de un meticuloso proceso de elección, por lo tanto no sólo es un acto estético, sino también político. En palabras del artista, “el proceso de borrado (...) se lleva a cabo en varios niveles de la sociedad, como una práctica recurrente en los aparatos de poder, en el que lo borrado traspasa lo simbólico y se centra directamente en los cuerpos (o en la ausencia de ellos) dejando una marca o un vestigio (...), donde lo único que quedan son rastros, estadísticas, hoyos en la tierra, recuerdos, ausencias, vacíos e impunidad.”

Esta colección de objetos anulados puede analizarse como una suerte de arqueología, donde los vestigios callan los medios y resaltan la ausencia; siendo la inutilidad y la materialidad los únicos fundamentos de ser de estos objetos, para existir en un plano completamente poético. Aquí la crisis deviene en vacío y silencio, al mismo tiempo que en presencia y materia. ¿Podemos pensar al artista no como agente creativo sino destructivo? ¿Cómo borramos las ideas? ¿Cómo valoramos social y económicamente la des-producción?

La muestra constó de nueve piezas des-producidas durante mayo y junio de 2017, las cuales se clasificaron en tres ejes para reflexionar sobre su transformación material: objetos borrados pero no destruidos, objetos destruidos en su totalidad , objetos creados a partir del borrado.

De forma paralela a la exposición, sea realizó un taller de tres sesiones para activarla e invitar al público a borrar algún objeto de su elección para ponerse en crisis explorando personalmente la práctica estética de la desaparición.

Aisa Serrano

Equipo curatorial Casa Vecina

IMG_1962_2